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El objetivo principal del invernadero es crear condiciones óptimas para el desarrollo del cultivo y permitir la producción durante todo el año.
Para optimizar las cosechas, en términos de calidad y cantidad, durante el año entero, es necesario controlar los cinco componentes esenciales del crecimiento vegetal: temperatura, luz, humedad, CO2, y solución de nutrientes (agua y fertilizante).
La necesidad de controlar esos cinco parámetros ha impulsado el desarrollo de numerosos productos e instrumentos que tienen como fin supervisar, medir y gestionar cada uno de ellos. Como ejemplos pueden citarse los sistemas de calefacción, ventilación (natural y forzada), enriquecimiento con CO2, nebulización, enfriamiento, iluminación, riego y aplicación de fertilizantes.
La evaluación del estado del invernadero y la definición de las medidas que es necesario tomar comienza examinando los sistemas actualmente instalados y su influencia recíproca respecto de las plantas. Por ejemplo, la calefacción incide directamente en el nivel de humedad, y por ende en el consumo de agua por parte de las plantas.
Además, dado que la variación medioambiental externa afecta al interior del invernadero, es indudable la importancia del acceso a sistemas externos de monitoreo, tales como una estación meteorológica, para el éxito del invernadero.
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